Durruti dans le labyrinthe, par Miguel Amorós

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INVITATION À LIRE
, par les
Giménologues

Dans ce petit livre bien rempli, l’auteur suit pas à pas en Aragon puis à Madrid l’action de l’anarchiste Buenaventura Durruti et celle des miliciens de sa colonne durant le bref été de l’anarchie (de juillet à novembre 1936). Il met en évidence comment la perspective révolutionnaire qui était en jeu dès le départ de la colonne vers Saragosse a été communément éclipsée par la mort de Durruti et par ce que l’on a appellé les funérailles de l’utopie. Car à partir de là, la personnalité et la démarche de cet homme d’action seront transfigurées par les impératifs de ce que Miguel Amorós nomme la politique extérieure de la CNT. Durruti n’est plus qu’un héros mort au champ d’honneur de la politique collaborationniste de la Confédération envers l’État républicain.
    À partir de données éparses et pour certaines inédites, ce travail minutieux donne à voir comment Durruti s’engagea dès la fin juillet 1936 dans un labyrinthe complexe où les questions logistiques d’un front improvisé furent contrariées par les intrigues contre-révolutionnaires, elles-mêmes favorisées par les intérêts divergents des dirigeants anarchistes. Après que Durruti eut fini ses jours dans le piège madrilène, la marche forcée dans le même labyrinthe va épuiser et exaspérer des milliers de libertaires espagnols et internationaux engagés corps et âme dans la révolution et résistant à la militarisation des milices sur le front d’Aragon. Et quand la stratégie visant à séparer et contenir le processus révolutionnaire qui accompagnait encore parfois la résistance des miliciens butera sur les barricades des insurgés de mai 1937, la CNT mettra tout son prestige dans la balance pour convaincre sa base que la seule voie sans issue est maintenant, en somme, la révolution. Désormais, comme l’avait douloureusement pressenti Camillo Berneri, entre Burgos et Madrid, il n’y aura plus que Moscou…

Miguel Amorós a publié en 2003 La révolution trahie, La véritable histoire de Balius et des Amis de Durruti, Éditions Virus, Barcelone.

Durruti en el laberinto,
Muturreko burutazioak no 13, Bilbao, juin 2006.
Durruti dans le labyrinthe, Encyclopédie des nuisances, Paris, mai 2007.


PRÉFACE DE L’AUTEUR

La historia de nuestra guerra civil está llena de cuestiones cuya resolución objetiva es una necesidad para aquellos que luchan contra la al proletariado significaría la eliminación de toda perspectiva revolucionaria. La figura de Durruti, en tanto que personificación de la revolución proletaria anarquista de 1936 concentró muchas de esas cuestiones, verdaderas heridas del movimiento libertario, que en su propio beneficio conviene mantener abiertas y hurgar en ellas. Si duelen, es signo de que sus ideas perviven. Esas ideas no tienen precio. Quienes trataron de venderlas, se vendieron sólo a sí mismos. El anarquismo o es radical o no es nada. Sin embargo en los tiempos del espectáculo y la cultura de masas el pasado vendría ser una mercancía moderna, consumible como cualquier otra. Un objeto cultural de entretenimiento asequible en cuadernos coleccionables, DVDs o series televisivas. La banda de historiadores de la universidad ya no tiene por función la falsificación o la ocultación del pasado como hacían los estalinistas sino su conversión en espectáculo.
    El primer paso de esa preparación para el consumo ha sido la museificación. La historia para la pandilla universitaria sería un enorme panteón de cadáveres a los que se podría despedazar y analizar como se haría con las momias de Egipto. La distancia que nos separa de ellos sería tan fabulosa que nada habría que temer. El punto de vista forense certificaría el lejano momento de la defunción y desplegaría un abanico de hipótesis a escoger. Ese aspecto “plural” es el marchamo de la mercancía ; en el espectáculo importa poco la moraleja. Se trabaja para el olvido pero de otra manera : si los historiadores estalinistas se servían del presente para reescribir el pasado, los actuales expertos de universidad se sirven del pasado para mistificar el presente. La historia-espectáculo legitima la dominación como si ésta no tuviera que ver con aquél ; embalsamando cadáveres, el poder quiere mostrarse como el heredero legal de los vencidos y no como el vencedor de la víspera. Como buen usurpador, quiere que no se sepa que es un recién llegado, que su pasado es reciente, que prácticamente no tiene historia. Que está ahí porque nadie se decide a echarlo. Un buen ejemplo ha sido el “socialismo libertario” que hace unos años sacó de la chistera el presidente Zapatero. La mercantilización espectacular de la guerra civil correspondería a una pérdida total del sentido histórico en las masas, vacías y atemorizadas. No obstante dicha pérdida no es completa y por lo tanto, tiene remedio. Todavía la historia no es de quien la manipula. Durruti no ha muerto.

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